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Divrei Emmanuel Parashat Vaishlaj

Síntesis Parashat Vaishlaj :
Al volver a casa Yaakov manda mensajeros (ángeles) para apaciguar a su hermano Esav. Esa misma noche Yaakov lucha con el ángel de Esav. Yaakov sale vencedor y el ángel le dice que en el futuro su nombre será Israel, nombre que significa que venció tanto al hombre (Laván) como al ángel. Al encontrarse los hermanos se reconcilian.



Entonces Dios dijo a Yaacob: Levántate, sube a Betel y habita allí; y haz allí un altar a Dios, que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú. Entonces Jacob dijo a los de su casa y a todos los que estaban con él: Quitad los dioses extranjeros que hay entre vosotros; purificaos y mudaos los vestidos; y levantémonos, y subamos a Betel; y allí haré un altar a Dios, quien me respondió en el día de mi angustia, y que ha estado conmigo en el camino por donde he andado. Entregaron, pues, a Yaacob todos los dioses extranjeros que tenían en su poder y los pendientes que tenían en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de la encina que había junto a Shejem. Al proseguir el viaje, hubo gran terror en las ciudades alrededor de ellos, y no persiguieron a los hijos de Jacob. Y Jacob llegó a Luz, es decir, Betel, que está en la tierra de Canaán, él y todo el pueblo que estaba con él. Y edificó allí un altar, y llamó al lugar El-betel, porque allí Dios se le había manifestado cuando huía de su hermano. (Génesis 35: 1-7)

En esta parte de la perashát, Dios, instruye a Yaakov que regrese al sitio adonde él había encontrado los ángeles antes de salir de la tierra de Israel. Allí le había visto la escalera de los ángeles y Hashem le había prometido protección constante y que la tierra sería de sus descendientes. En ese momento de encuentro con Dios y los ángeles Yaakov había prometido crear allí un templo dedicado a Dios y por eso lo llamo “beit El” la casa de Hashem. Ahora al regresar a la tierra, Hashem le recuerda su promesa de crear ese altar. Pero antes de comenzar a crear el templo, él tuvo que limpiar a toda su casa de los ídolos que habían adquirido en la guerra contra Shejem y que habían colectado a través de sus jornadas en el exilio. 

Nuestros Sabios de bendecida memoria (Jazal) explican que esto es simbolismo profético marcando los periodos de tiempo que los judíos abandonarían a la Torá y al Dios de Israel por dioses falsos paganos – pero al final regresarían al judaísmo. Un caso similar ocurrió siglos más tarde cuando Ajab y Jezabel eran los reyes déspotas y los judíos en gran parte habían abandonado el camino de la Torá por seguir al dios falso de Baal. Luego Ezequías logro una gran teshuvá del pueblo judío y dedicó el templo al servicio del Dios de Israel. 

El Rebbe Jasídico de Radmosk, Polonia, Rabí Shelomo HaCohen (1803-1866) en su libro ‘Tiferet Shelomo’ explicó que estos versículos en la parashá de hoy le aplican a una lección que no solamente existió en el pasado pero que está vigente hasta el día de hoy. Él explicó que dentro de cada judío existe un poco de idolatría. Esa idolatría es actualmente la adoración propia del ego. Adoramos nuestras ideas, nuestras opiniones y percepciones hasta el nivel adonde nada más existe que esté correcto o tenga valor. Para llegar al camino explica el Rebbe de Radmosk tenemos que expulsar de nuestro ser este nivel de dedicación al ego que llena nuestros pensamientos. El Rebbe citó al Talmud Babilónico en Shabat (105) “¿cuál es el dios extraño (avodá zará - ídolo) que está dentro del cuerpo del hombre? El Yetzer Hará, la inclinación mala.’ Esto nos demuestra que deberíamos de limpiarnos de esa presencia antes de hacer una mitzvá (mandamiento) positivo. Solamente podemos crear el altar divino cuando hayamos sacado o abandonado este ídolo de entre nosotros para poder ofrecer sacrificios a nuestro Dios.” (Tiferet Shelomo)

Algunas veces hasta cuando estamos en el medio de hacer una mitzvá, el Yetzer Hará interfiere y transforma la mitzvá en un proceso de engrandecerse uno mismo en lugar de enaltecer el Nombre de Dios. Esto desde el punto de vista del Rebbe sería como dedicar el altar de Dios mientras mantengan sus ídolos escondidos.

Esto le aplica a todos los mitzvot. Si existe algún elemento de auto congratulación o si se hace para quedar bien y ganarse el amor o la estima de los demás no logra el servicio divino. Como vemos en estos versículos la creación y el mantenimiento de una sinagoga es de interés especial para el Yetzer Hará. Esto es porque al dedicarnos a crear una institución hay un deseo especialmente profundo de dedicarlos a nuestros valores propios para que sean imágenes de nuestro poder – una extensión de nuestro ser. Un ejemplo perfecto es cuando los miembros de una sinagoga deciden a cambiar las leyes de la Torá o de no aplicarlas para acomodar la sinagoga a sus deseos ideas o percepciones en lugar de seguir los de la Torá. En lugar de ajustarse ellos a la Torá tratan de ajustar la Torá al estilo de vida de ellos. Cuando esto ocurre la casa no es la casa de Dios se convierte en un club social – ajustable a los deseos de los miembros. Para poder crear una casa verdadera de Dios tenemos que purgarnos del deseo de mandar los procedimientos y reglas de la sinagoga. Esto es representado por ese proceso de la casa de Yaakov al abandonar los ídolos que habían colectado antes de dedicarse a crear la casa de Hashem en Bet El. 


La idolatría es el perfecto ejemplo del deseo humano de rebajar a Dios a la imagen humana – ponerlo como nosotros lo queremos entender y no ajustarnos nosotros a la imagen que Él desea de nosotros. 

Por el Rabino Rigoberto Emmanuel Viñas

  Torah Thoughts in Honor of Parashat Vayishlach
“And God said to Jacob, Arise, go up to Beth-El, and live there; and make there an altar to God, who appeared to you when you fled from the face of Esau your brother.
Then Jacob said to his household, and to all who were with him, Put away the strange gods that are among you, and be clean, and change your garments; And let us arise, and go up to Beth-El; and I will make there an altar to God, who answered me in the day of my distress, and was with me in the way which I went. And they gave to Jacob all the strange gods which were in their hand, and all their rings which were in their ears; and Jacob hid them under the oak which was by Shechem. And they journeyed; and the terror of God was upon the cities that were around them, and they did not pursue after the sons of Jacob. So Jacob came to Luz, which is in the land of Canaan, that is, Beth-El, he and all the people who were with him. And he built there an altar, and called the place El-Beth-El; because there God appeared to him, when he fled from the face of his brother.

At this point in the parsha God instructs Jacob (Israel) to return to the site where he had encountered the ladder of angels prior to his flight from the land of Israel. It was there that he had seen the angels and had received the promise from God that he would be safe in all of his travels and that the land of Israel would belong to his descendants. At that point Jacob had promised to dedicate a temple to God and he called the place ‘Beit El’ the House of God. Now he was reminded of his promise by God. But before he could begin to build an altar for Hashem, he had to purge his entire household of the idols that they had acquired as spoils of war when they attacked Shechem.

Our sages of blessed memory (Chazal) explain that this is prophetic symbolism marking the periods of time when Jews would abandon Judaism and then finally return to the worship of God. A similar situation occurred when Jezebel and Achav ruled the land as despots and promoted idolatrous worship rather than the worship of the God of Israel. And then later the Jews finally did teshuva and returned to God under the leadership of Hezekiah who rededicated the temple to the service of the One God of Israel.

The Chassidic Rebbe of Radomsk Poland, Rabbi Shlomo Hacohen (1803-1866) in his book Tiferet Shlomo, explained that this verse in today’s parsha points to a lesson that not only applies to that moment in time but also to today. He explained that every Jew has within us a little bit of idol worship. That idol worship is actually self-worship. We idolize our own thoughts perceptions and desires as if they were the correct path rather than yielding to the path and will of God. In order to accomplish honest dedication to the service of God through mitzvoth we must purge ourselves of any bit of the Yetzer Harah (evil inclination) which permeates our thinking.

He quotes the Babylonian Talmud in Shabbat (105) which states: “What is a strange God which is inside the body of man? The evil inclination." This teaches us that we must cleanse ourselves of the evil inclination before performing a positive commandment. It is only after we have removed the idols from our midst that we can build an altar and offer up sacrifices to the One God.” (Tiferet Shlomo)

Sometimes even when we are in the process of performing a mitzvah the Yetzer Harah interferes and transforms the mitzvah into a process of self-aggrandizement rather than making great the Name of God. This would be tantamount using the philosophy of the Rebbe of Radomsk to building the altar for God while still tainted with idolatry.

This applies to every mitzvah that we can be involved in. If there is an element of self-worship in it – it does not accomplish what was intended.


The building and maintenance of a synagogue is especially enticing to the Yetzer Harah (evil inclination) as we see in this verse. This is because as we build a synagogue we are tempted to dedicate those buildings to our own values and perceptions rather than to the will of God. An excellent example of this is when members or builders of a congregation attempt to adjust the laws of the Torah as applied in the synagogue to accommodate them to their wishes or perceptions rather than adjusting themselves to the will of the Torah. When this happens the synagogue becomes a social club – adjustable to the whim of the members (congregants?). It no longer serves as the House dedicated to the service of God it becomes the house dedicated to the service of the egos and wills of the members. The “Machirs” are worshipped instead of “Hashem.” In order to build a true house of God we must purge ourselves of the desire to mandate the rules and procedures of the synagogue this is symbolized by Jacob purging himself of his idols prior to dedicating the house of God in Bet El.

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