¡HASTA EL KRAKEN ATACÓ A LOS EGIPCIOS! ¿O FUE UNA SIRENA ENOJADA Y AGRESIVA?



Durante la cuarta plaga que azotó a los egipcios, Dios causó  que enjambres de animales salvajes abandonaran la selva e invadieran las ciudades egipcias. Leones, lobos, osos, y leopardos, los atacaron en sus propios hogares. Pero ¿Cómo entraron a las ciudades y peor todavía a sus hogares? 


De acuerdo al “Midrash Vayosha” publicado en Constantinopla en 1519, todo esto ocurrió con la ayuda de una criatura bastante inusual, que solamente reside entre los animales míticos de la imaginación antigua.  

 

“En la cuarta plaga Dios mandó enjambres de leones, lobos, osos y leopardos a atacarlos. Estaban entrando en sus casas, por lo que los egipcios sellaron las puertas. El Santo les envió una bestia marítima llamada “Siloni” y ésta entró por las ventanas y abrió las puertas y las bestias entonces entraron y se devoraron a los egipcios”. Midrash Vayosha, incluido en Otzar Midrashim (pág. 152)  

 

Este monstruo del mar, con la habilidad de entrar por las ventanas y abrir las puertas ¿Qué habrá sido? De acuerdo al Midrash Hayashar del Siglo XVI, el monstruo del mar tenía muchos brazos y cada brazo tenía 10 codos bíblicos de largo. La medida de un codo bíblico (amah en hebreo) equivale a 55.8 centímetros (22 pulgadas). 10 Amot de largo para cada brazo del monstruo, equivalen a 183.333 pies de largo = 55.778 metros de largo en cada brazo. 

 

“Dios mandó serpientes de fuego y escorpiones, ratones, ratas y sapos junto con reptiles del polvo, moscas y avispas, pulgas, insectos y mosquitos y cada enjambre por su especie […] y cuando los egipcios se escondieron de los enjambres, cerraron sus puertas detrás de ellos y Dios mandó al SILONIT que estaba en el mar y ella se levantó y entró a Egipto. Ella poseía largos brazos, de diez codos de un hombre de largo. Y ella se trepó en los techos de las casas y arrancó los techos y los pisos de arriba y los desbarató y estiró sus brazos para adentro de la casa y arrancó el pestillo y los candados y así abrió las casas de Egipto. Entonces los enjambres de animales salvajes entraron a las casas”. (Midrash Hayashar, página 207 Edición de Tel Aviv) 

 

Este monstruo del mar de acuerdo al Midrash, no solamente vivía en esas aguas y tenía brazos largos; sino que también poseía mucha fuerza bruta para arrancar los techos de las casas y podía vivir en la tierra. Como si esto no fuera suficiente, viene Rav Yangakov Kuli, autor del Yalkut Meam Loez (escrito en ladino en el siglo XVIII en Constantinopla) a añadirle al terror con su propia explicación, de cómo los animales salvajes de esta cuarta plaga, invadieron los hogares de los egipcios. 

 

En su comentario a Éxodo 8:20 sostiene: “Al principio cuando los egipcios vieron a las bestias llegando, rápidamente cerraron sus puertas y ventanas fuertemente y pensaron que podían de esa manera salvarse de la plaga de bestias. Pero el Santo sacó del mar las criaturas que se parecen a los seres humanos  y que tienen brazos largos de 10 (amot) codos de largo y que se llaman “Sirenas del mar”. Ellas se subieron arriba de los techos y los destruyeron, estiraron sus brazos  y abrieron las puertas y agarraron a los niños y causaron gran destrucción”. 

 

En este caso el Meam Loez, está describiendo otra criatura del antiguo mar mítico -las sirenas-; pero las detalla con brazos de 55.778 metros de largo. Estas sirenas mencionadas en otras partes de los Midrashim, no eran como Arielle la pequeña sirenita de Disney. Ellas eran mitad mujer y mitad pez, cantaban melodías muy atractivas que seducían a los marineros; sin embargo, después de ser deslumbrados por sus voces y cuando los hombres se dormían, estas sirenas  salían y haciendo uso de sus colmillos se los comían. 

 

El reconocido cabalista Rabi Jaim Yosef David Azulai (Jida 1724-1806) en su libro Midbar Kedemut 4:13 las describe: “Hay un pez en el mar llamado “Sirena”, en su mitad de arriba tiene el cuerpo de mujer joven y su parte de abajo es en la forma de un pez y vive en las partes peligrosas y con muchas rocas del mar. Cuando los barcos pasan por ahí, ella empieza a cantar con una voz muy atractiva y cuando todos los hombres de la nave se duermen, ella entra y los mata a todos y se los come”. 

 

De acuerdo al Meam Loez, los que invadieron a Egipto durante la cuarta plaga de las bestias salvajes, que entraron a sus hogares para castigarlos por maltratarnos, fueron las bestias de la selva ayudadas por las sirenas rabiosas del ponto, que tenían brazos largos como los pulpos del mar.  Por otro lado, el Midrash Vayosha y el Midrash Hayashar afirman que lo que los atacó fue un pulpo gigantesco llamado el “Silonit”, similar a las leyendas nórdicas del Kraken. La pregunta obligada que se suscita frente a estas aseveraciones es: ¿Estas escenas de terror literalmente ocurrieron? En algunos casos los autores de estos textos, creían que estos monstruos seguramente existían en el mar. Ellos y sus contemporáneos creían en muchos monstruos, que hoy en día reconocemos que solamente vivían en las mentes de los antiguos.  

 

Ergo si no existieron ¿Qué hacemos con estos textos? ¿Debemos creer literalmente en estas leyendas mitológicas sólo porque ellos las mencionan? ¿Podemos descartarlas como una reliquia innecesaria, de los tiempos más simples de la historia humana? Mi humilde respuesta a estos interrogantes es: “¡Ninguna de las dos! Estos textos no se deberían de interpretar literalmente, ni tampoco descartar”.  

 

En lugar de eso, sirven para hacernos crecer como seres humanos usando el idioma de la metáfora y de esta forma enfrentar los monstruos de nuestra propia condición humana. El reto de estos argumentos, es aprender a usarlos como alegorías y simbolismos de los monstruos, que aparecen por toda la mitología humana. Cada uno de ellos describe los terrores, de los elementos incontrolables en nuestras vidas. Estos monstruos nos avisan de forma figurativa, sobre los miedos, temores, espantos, pánicos, consternaciones, angustias, terrores y atrocidades, que existen en nuestros corazones. Tal vez una manera moderna de entender a los monstruos que atacaron a Egipto, es que sus propios esperpentos y adefesios, esos mismos que habían creado terror en las vidas de sus víctimas, los que vivían en sus corazones, fueron los que destruyeron sus hogares, amenazaron a sus hijos y los que los forzaron a confrontar su propia bestialidad y brutalidad, demostrada por la plaga de “Las bestias salvajes”, que invadieron las ciudades de la “Civilización” más avanzada del tiempo, cuando verdaderamente era una civilización más salvaje y bestial, que los animales inocentes de la selva que los atacaron. 

 

Yo prefiero creer que la Mitología Antigua Hebrea (y de todas las culturas humanas) sirven para interpretarse metafórica y simbólicamente; lo que nos permite recibir enseñanzas morales a través de estas alegorías, para comunicarnos de una forma artística y representativa las lecciones de los antiguos, de cómo ser una mejor persona y no una bestia salvaje que vive en una ciudad, escondiéndonos todo el tiempo de las otras bestias que andan en las calles. Hay que considerar que llegamos a un punto, en que los monstruos que parecen humanos, invaden nuestros corredores viales y nos fuerzan a darnos cuenta, que nuestras ciudades son más peligrosas que las selvas.  

 

Para nadie es un secreto que los animales atacan para sobrevivir; pero nosotros arremetemos para esclavizar y humillar a otros. En este recorrido de la cosmovisión antigua, el Kraken que normalmente está escondido en el mar, emerge del piélago con toda su fuerza, inteligencia y furia, abriendo las puertas a las demás bestias salvajes, para forzarnos a ver lo que no queremos ver. Las plagas que azotaron a los egipcios, fueron Midá Keneguet Midá, medida por medida, como consecuencia de los males que les hicieron a los demás; es decir, los mitos personifican esos males y los expresan como monstruos. 


 

¿Cuáles serán los monstruos de esta “Civilización” que deberíamos de confrontar, antes que nuestros techos y hogares sean invadidos por los engendros, esperpentos y aberraciones que nosotros mismos hemos creado e ignorado, para no tomar responsabilidad por su creación? 

 

Moadim Lesimja 

Rigoberto Manny Viñas 

Rabino y Sicoterapeuta  



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